Experiencia de prácticas en Casa Madero
Esta imagen me recuerda siempre el arduo trabajo que hay detrás de cada botella de vino, de cada copa servida. En aquella ocasión tuve la fortuna de ir a la Vinícola San Lorenzo o bien Casa Madero. Me llamó mucho la atención lo artesanal del proceso, en comparación con lo estético de sus botellas, de sus etiquetas. Con esta imagen, mi memoria olfativa me trae el recuerdo de aromas de ese preciso momento y no voy a decir que a almizcle o roble del bosque de limousin. Los aromas eran a tierra mezclada con el rocío de la mañana, a polvo, los cuales concuerdan perfectamente con las imágenes que mi mente me muestra. Gente trabajadora desde temprano, dispuesta a pasar todo el día haciendo la dura labor de la recolección de la uva o bien la cosecha.
El sol se reflejaba claramente en sus frentes sudorosas y en unos instantes se veían nuevamente empañadas por el polvo para ser lustradas después nuevamente con ese brazo cansado de arrastrar las cajas y manipular las tijeras. A pesar de todo ese trabajo físico, sus rostros reflejan siempre una sonrisa, de sus labios salen palabras amables y pláticas repletas de historias, de anécdotas. Al final del día ya no siente uno las piernas, los brazos comienzan a moverse por voluntad propia y la boca sabe a polvo, a polvo mezclado con un sentimiento de gratitud.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia, como si esta ya fuera ceniza en la memoria.
Jorge Luis Borges

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